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Lost & Found

02/11/2011 , , ,


Lost & Found

Lost & Found

Confieso que la primera vez que vi un letrero con el título LOST & FOUND (Objetos Extraviados y Encontrados) por allá en el Aeropuerto Dallas-Fort Worth en diciembre de 2003, pensé que se trataba de una de esas bromas que de cuando en cuando se inventan los gringos por ocio. En serio, de pana pensé que se trataba de una estupidez. A quién carrizo se le ocurre que la humanidad se dignaría a guardar cosas que algún despistado dejase a su suerte. Esas cosas no pasan en este terruño bolivariano. Aquí si usted dejó olvidado algo por allí, se fregó. Nuestra idiosincracia nos señala que algo que uno se consiga mal puesto, se entiende “encontrado” y por ende, desde ese momento propiedad de uno.

Si a uno se le pierde algo dentro de este territorio de superficie continental e insular de 912.050 km², lo ataca la desesperanza. Uno sabe que difícilmente podrá tener de nuevo en sus manos ese objeto olvidado, que a lo mejor ni valor tenía, pero ¡coño era de uno! Tras percatarse del olvido, nos devolvemos al hipotético sitio donde a lo mejor dejamos la vaina olvidada. La razón nos dice “Olvídalo, se perdió”, mientras el corazoncito arrugado nos da un alientito, se nos enciende una pequeña luz en el túnel, que no es más que una débil y tenue señal de que un alma juiciosa y de grandes valores; a lo mejor, quizá lo haya encontrado y esté allí, esperando por el legítimo y originario propietario de la cosa para devolvérsela. La inmensa mayoría de las veces la razón gana y perdemos nuestra propiedad per secula seculorum. En casos muy extraños, corremos con suerte y la cosa aún está allí, sola, triste y abandonada. La tomamos y sentimos una alegría infinita, como si nos volviera el alma al cuerpo, como si nos hubiésemos ganado el Kino, como si ese familiar secuestrado volviese a casa sano y salvo. En otros casos aún más difíciles, nos conseguimos a un compatriota, de esos juiciosos, esperándonos con la cosa en la mano para entregárnosla. Nos invade el asombro, no sabemos si es por haber encontrado la cosa o porque alguien la encontró y nos la está devolviendo. Nos preguntamos si nos irá a cobrar rescate o peor aún, nos atrevemos a suponer que a lo mejor se cogió algo y por pena no revisamos, sino hasta después de darle las gracias y habernos retirado.

Ya tranquilos, con la cosa en nuestras manos, con la tensión estable y el agite superado, razonamos acerca de ese evento inverosimil con ese ser humano raro que devuelve las vainas olvidadas por otros. No alcanzamos a comprender por qué lo hizo. Qué razón podría haber para que alguien se moleste en custodiar y devolver algo olvidado. Son gente rara de este país, una especie de alienígena. Son como esos seres que respetan los semáforos, que no usan el hombrillo para circular, que respetan las colas, que ceden el paso, que si el letrero dice “Un solo Mazeite por persona”, se llevan solo un Mazeite. Uno los cataloga como miembro de una secta. Pese a que tenga acento gocho u oriental o hable maracucho o con el cantadito llanero, uno piensa que ese carajo no es venezolano, y si lo es, está loco o es pendejo. Así somos.

Lo que debería ser común se nos hace extraordinario. Suponemos que como ciudadanos no somos capaces de hacer de la norma lo usual. Endilgamos a nuestros connacionales esa incapacidad de ser mejores ciudadanos como un mecanismo inocuo de autodefensa, como para evitar mirarnos al espejo, como si fuese solo responsabilidad de ellos la formación de una mejor sociedad. Ya que ellos no son mejores por qué habría yo de serlo. Lo peor de todo esto es que el Estado, los medios de comunicación, los líderes políticos y hasta las empresas con capacidad de direccionar conductas, lejos de promover valores o al menos tratar de rescatar los que teníamos, nos hacen entender que somos como merecemos ser y hasta que es de pinga ser como somos.

Hemos venido evolucionando como país, yo creo más como consecuencia de la globalización que como un proyecto social. Progresamos por inercia, por imitación de lo que hacen otras naciones, por el acceso privilegiado a la tecnología que nos provee el petróleo. Progresamos o medio progresamos sin saber por qué. La raíz de nuestro progreso como sociedad es cada día más débil. Atacamos a mansalva nuestros valores sin darnos cuenta que allí radica la base de lo que debemos ser como país. Cada día inoculamos a nuestros hijos en contra de nuestros propios valores. Y es allí donde nos destruimos poco a poco como sociedad.

Ese aviso de Lost & Found que usan los gringos, habla mucho de sus valores, de lo que como sociedad quieren ser. Ciertamente muchas veces la gente no devuelve allá lo que encuentran, pero hasta estos días eso sigue siendo lo inusual y no lo cotidiano como en nuestro caso. Por favor no me entienda alienado con los Estados Unidos, solo que es justo reconocer nuestras carencias como sociedad y tomar del resto de las naciones sus mejores prácticas. Hacemos más por esta Venezuela tan estropeada, rescatando en casa los valores que hemos perdido y en la calle comportarnos como ciudadanos, respetando las leyes, así nos tilden de extranjeros.

Ojalá que como sociedad encontremos lo que hemos perdido.

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